Prólogo
Prólogo
El trabajo que nos ofrecen Luis Ángel Hierro, Antonia Hierro y Pedro Atienza conjuga el análisis riguroso de la crisis actual, la crítica solvente de los postulados neo-liberales que la provocaron, e ideas bien elaboradas para superarla, llegando a cristalizarlas en propuestas audaces, cargadas de sensatez y de coherencia con la ideología socialdemócrata. Nos aportan los autores un enfoque bastante más amplio de la crisis del que habitualmente encontraremos en las numerosas obras publicadas hasta la fecha, que suelen quedarse en el examen del plano económico-financiero, ya que además se adentran en el análisis del debilitamiento de la democracia que ha comportado. Desvelan las carencias jurídicas y regulatorias de las que se han servido entidades financieras y operadores mercantiles para propagar el negocio especulativo a escala planetaria y apuntan las distorsiones ideológicas que han hecho de los gobiernos (incluidos algunos de los denominados socialistas) cooperadores necesarios en el desequilibrio entre democracia y mercado, a favor del segundo.
Por esta razón, el título del libro tal vez resulte demasiado modesto puesto que en sus páginas no se ciñen a una simple reivindicación del Welfare State; hay mucho más. Podríamos considerarlo un notable ensayo sobre economía y política y aún esta caracterización se quedaría corta. Se quedaría corta porque incorpora los ingredientes de las grandes aportaciones culturales, en el sentido más rico y dinámico de la cultura, la que no se constriñe en la acumulación academicista de conocimientos sino la que primero se interesa en conocer en profundidad lo que acontece, se esfuerza en la comprensión de los acontecimientos con sus múltiples derivaciones y finalmente se arriesga avanzando nuevas ideas que, abocándolas al debate cabal con otras por diferentes que sean, aspiran a superar errores pasados y a sintetizar nuevos caminos por donde la humanidad transcurra mejor en el futuro.
En el mismo orden de cosas, percibiremos también a lo largo de todo el libro una gran honestidad intelectual y así, cada vez que intentan vigorizar la ideología socialdemócrata, se auto-exigen avalar cada postulado con datos y consideraciones objetivas; condición más que estimable en estos momentos en los que tanto proliferan las posiciones ideológicas sin matemáticas que las sustenten, que suelen ser fundamentalismos de diversa especie, u otras que deforman los datos de la realidad a su conveniencia, que son, sencillamente, demagógicas.
Desde las primeras páginas declaran abiertamente su militancia socialdemócrata y abordan la crisis ideológica de la misma con un claro sentido crítico pero sin atisbo de resentimiento alguno; ejercen los autores eso que tantos invocan y pocos practican: “crítica constructiva”; con la que aportan bases más sólidas y coherentes para la revalidación de la socialdemocracia que las que fueron fraguando los dirigentes de los partidos socialistas de diferentes países europeos desde los años 80 del pasado siglo, con adherencias doctrinarias que han llegado a confundirla como permutable con la ideología neo-liberal y que paradójicamente, guiados por el afán de conservar el poder y frenar el avance del liberalismo económico-social triunfante con Reagan en EE.UU. y Thatcher en el Reino Unido, empezaron su deriva por llevar algunas de sus ideas fuerza a los Consejos de Ministros de los gobiernos socialistas y terminaron por cederles las sillas del poder a las derechas en casi toda Europa. En estos años se han ido asumiendo demasiadas políticas que se justificaban proclamando que no eran de derechas ni de izquierdas. La competitividad vía precios y salarios, que se ha materializado en sucesivas reformas laborales desregulatorias de los derechos socio-laborales de los trabajadores; la privatización de servicios públicos esenciales en aras de una pretendida mayor eficiencia del sector privado en su prestación; las reformas fiscales que han ido desplazando la carga impositiva hacia las rentas del trabajo y los consumidores para relajarla sobre las de capital; hasta la reciente reforma constitucional, abruptamente acordada entre el presidente del gobierno y el jefe de la oposición, que encorsetará a los poderes públicos durante decenios en la ineludible tarea de promover el cambio del periclitado modelo productivo español y gravitará como una espada de Damocles sobre sus cabezas ante los retos que deba afrontar nuestro aún magro Estado del Bienestar Social. Con estas políticas pretendidamente neutras, ocurre lo mismo que con aquéllas personas que se in-definen como “ni de izquierdas ni de derechas”, que mayormente son de derechas.
Tal vez en esta confusión entre la socialdemocracia allí donde ha gobernado o ha vuelto a gobernar (caso de España) y la derecha neo-liberal esté parte de la respuesta a la pregunta que lanzan los autores acerca del comportamiento electoral de la mayor parte de la ciudadanía en los países europeos, donde se vienen decantando por las mismas opciones políticas que han predicado las doctrinas que nos han sumido en la crisis más grave del capitalismo.
Con la humildad que suele acompañar a la inteligencia, los autores no se arrogan la capacidad de responder a tal interrogante y sin embargo su libro es una más que notable aportación para que los electores vuelvan a revitalizar la socialdemocracia con su voto y con su participación. Porque también perfilan nuevos cauces y niveles para el desarrollo renovado de la democracia que pueden servir de síntesis entre la demanda creciente de más democracia participativa y la necesidad de robustecer la democracia representativa. En tal dirección se entienden las sugerentes propuestas de los autores para ampliar la legitimación democrática de todos los poderes del Estado, alentando la participación ciudadana directa en la elección de determinados estamentos del poder judicial y de instituciones supervisoras como el Banco de España, que a fin de cuentas son capaces de determinar en buena medida la vida de las personas y el desarrollo de todo el país. Podrán ser discutibles estas propuestas y suscitarán multitud de interrogantes sobre su articulación práctica, pero esto es precisamente lo que más se necesita, que se abra el debate atendiendo a los nuevos impulsos sociales, porque ésta es la esencia de la democracia, su capacidad para atemperar las inquietudes de sociedades cambiantes dándoles cauce para que afloren normalmente y puedan aspirar fundadamente a su satisfacción.
Por el contrario, lo que está ajando los sistemas democráticos es su imperturbabilidad ante las mutaciones sociales, que ni encuentran espacios adecuados para hacerse patentes en el angosto entramado institucional existente ni perspectivas de futuro para realizarse dentro del sistema. En este terreno pueden los autores conectar muy bien con los recientes movimientos sociales de “Indignados” que acamparon el 15 de Mayo de este año 2.011 en la Puerta del Sol de Madrid y con otros movimientos análogos que ha brotado en varios países europeos o el aún más reciente “Ocupa Wall Street” en Nueva York.
Dejando aparte las groseras descalificaciones que les han lanzado algunas destacadas dirigentes de la derecha celtibérica, lo normal han sido las críticas compasivas desde la izquierda organizada sobre la falta de objetivos más precisos y de una estrategia definida de estos grupos. Esto último no deja de llevar su carga de cinismo puesto que es esa izquierda la que declinó hace tiempo ponerse a la cabeza en la detección de las deficiencias del sistema, que ahora se denuncian desde las manifestaciones en las calles y las acampadas en las plazas, y servir de canalización de las legítimas aspiraciones de los segmentos sociales que las han protagonizado. Quien no ha sabido o querido verificar su capacidad de dirección no está legitimado para menospreciar a quienes al menos han tenido el coraje de gritar sus frustraciones y demandar pacíficamente soluciones. Y menos mal que se han manifestado de esta forma en España, porque normalmente allí donde falta la cabeza ésta es reemplazada por las vísceras, como ejemplifican los disturbios acaecidos este verano pasado en el extrarradio londinense para atestiguarlo.
El camino para engarzar a la izquierda con estos movimientos es el que apuntan los autores en estas páginas, el de pensar sobre las causas del anquilosamiento de las democracias y proponer nuevas formas de participación de la ciudadanía, por supuesto sin caer en el oportunismo de cortos vuelos de sedicentes grupos minoritarios de la extrema izquierda que, habiendo sido igualmente sorprendidos y sobrepasados por los acontecimientos, se han apresurado a autoerigirse en los principales mentores del 15-M, ni en el paternalismo de otros que, tras concederles algún gesto complaciente inquietados por el ruido de las manifestaciones, siguen sin saberles escuchar.
Estamos por tanto ante un libro necesario para entender mejor la crisis que padecemos en todos los órdenes, económico, social, cultural, político; y oportuno porque responde fielmente al requerimiento que hiciera Norberto Bobbio en su ensayo titulado Derecha e Izquierda: “Cuanto más proclame el mercado su victoria, más razones debe encontrar la izquierda para reafirmarse”. Aquí encontrarán un buen puñado de razones para actualizar el pensamiento socialdemócrata y convertirlo en el vector de fuerza más vigoroso con el que hacer posible un mundo mejor.
Madrid, Octubre de 2.011
Antonio Gutiérrez Vegara
En papel en:
En ebook en:
En Sevilla:
ATRIL
C/ Presidente Cárdenas, 2
954 092 394
C/ Barrau, 4
954 925 383
Se puede comprar el libro en: