El liberalismo, la crisis y europa
El liberalismo, la crisis y europa
La labor fundamental a la que se va a enfrentar la socialdemocracia, y los progresistas en general, durante los próximos años es la reconstrucción de un marco pre-ideológico neutral y participativo que permita a los gobiernos europeos aplicar las políticas que respondan a la voluntad de sus ciudadanos. El marco económico europeo creado a comienzos de los noventa, en plena euforia liberal, está sesgado a favor de esa ideología liberal y no permite la aplicación de políticas socialdemócratas ni tan siquiera de políticas democratacristianas.
En los años 90 el liberalismo se incrustó como parte de las reglas de juego económicas de Europa y del mundo en general, y con ello eliminó o redujo sensiblemente las posibilidades de otro tipo de políticas. Frases como: “el mercado es eficiente”, ”la solución pasa por aumentar la productividad”, “el Estado del Bienestar es demasiado caro”, “la economía europea padece de euroesclerosis”, “el sector público es ineficiente”, “el gasto de inversión es mejor que el gasto corriente”, “los impuestos indirectos son preferibles a los impuestos directos”, “las autoridades monetarias tienen que ser independientes”, “hay que desgravar el ahorro para que haya más inversión”, “dentro de X años no se podrán pagar las pensiones” han sido lemas económicos de uso generalizado que hasta los partidos socialdemócratas han llegado a interiorizar como parte de la realidad, aún cuando en su mayoría eran juicios de valor disfrazados de principios económicos. Pues bien, la crisis ha dejado claro que ese marco de juego y esos principios económicos provocan desastres económicos, y que, por ser ineficiente, el mercado debe ser regulado y contrapesado para evitar que esos desastres y sus consecuencias sociales se reproduzcan.
La falacia liberal y la especulación
En 2009 Guillermo de la Dehesa publicó el libro La primera gran crisis financiera del siglo XXI5, probablemente uno de los textos más completos sobre la crisis, sus fundamentos y sus consecuencias. En dicho libro el autor dedica del orden de 75 páginas a analizar con gran profundidad el origen teórico de la crisis financiera. Las conclusiones que derivan de este análisis se encuentran resumidas en el artículo “Once fallos de mercado y de estado en la crisis financiera”6 publicado el mismo año. En forma esquemática De la Dehesa (ver págs. 32 a 34) nos viene a describir cómo, a pesar de las enseñanzas de la Gran Depresión, a partir de los años 80 comenzó a desregularse el sistema bancario aplicando la teoría no demostrada de los mercados eficientes. Esta teoría condujo al uso de modelos de análisis económico en los que no existen las burbujas, de forma que los bancos centrales se concentraron en evaluar la inflación y no prestaron atención al efecto que sus políticas monetarias tienen en los mercados financieros, que son los que a la postre producen la inestabilidad bancaria. Es decir se desreguló en base a una teoría incierta y a modelos erróneos y, como afirma De la Dehesa, se hizo sin tener en cuenta los trabajos de premios Nobel de Economía como Akerloff, Stiglitz y Spence, Simon, Allais o Kahnemann y Smith.
Los argumentos que ofrece De la Dehesa son complicados dada su profundidad, no obstante se puede dar una explicación sencilla de porqué son ineficientes los mercados. En realidad, casi lo primero que se enseña a los estudiantes de economía es que el mercado sólo es eficiente cuando funciona en competencia perfecta. Los requisitos de esa competencia perfecta son básicamente: que los sujetos estén perfectamente informados, que la mercancía sea homogénea, que en el proceso de producción y consumo no se vean afectadas personas distintas a las que contratan, que cualquier sujeto pueda participar en el mercado y que todo el que participe sea precio aceptante, es decir que no pueda influir en el precio. Pues bien, este tipo de mercados es prácticamente inexistente en la realidad. La mayoría de los mercados fallan en una o varias características, de ahí que la regulación se haga imprescindible en todos los mercados.
Tradicionalmente se ha considerado que, por sus características, los mercados financieros podrían tomarse como los más cercanos a la competencia perfecta. Además, durante los 70, se desarrollaron teorías que señalaban que se podían solucionar sus fallos creando nuevos mercados derivados de los mercados de valores (básicamente mercados de información, mercados de futuros y mercados de aseguramiento y cobertura de riesgos). Estas teorías de los defensores de la no intervención de los mercados financieros fueron ganando posiciones políticas y, poco a poco, se convirtió en ortodoxia: la teoría de los mercados eficientes.
Pues bien, a pesar de la teoría, lo que ha demostrado la realidad es que los mercados financieros fallan de forma estrepitosa. Los fallos son innumerables: los fallos de información son generalizados, los mercados de derivados (seguros de impago, activos estructurados…) no funcionan en competencia perfecta, se crean masivamente productos para evitar la homogeneidad, los efectos externos sobre terceros son también generalizados, y lo que es peor, hay inversores que pueden manipular los precios y técnicas para hacerlo. Si a todo ello unimos el evidente riesgo de burbujas especulativas, la presunción de eficiencia del mercado se convierte en una mera ilusión.
Pues bien, ¿si los mercados financieros, que son los más cercanos a la competencia perfecta, no son eficientes cómo van a ser eficientes el resto de los mercados, donde los problemas de heterogeneidad del producto, de efectos sobre terceros y de acceso al mercado son generalizados? Y si es así, ¿cómo vamos a seguir las recomendaciones de los modelos teórico-económicos que se construyen suponiendo que los mercados funcionan eficientemente? Curiosamente, esto, que es evidente, no ha sido tenido en cuenta, y desde hace 20 años se vienen implementando políticas construidas sobre una base teórica liberal que no se corresponde para nada con la realidad.
¿Qué consecuencias ha tenido para el funcionamiento de los mercados financieros que se aplique la teoría de eficiencia de los mercados? La lista de fallos es casi interminable y está generando un sinfín de trabajos científicos y divulgativos; no obstante, probablemente podamos centrarlos en una palabra comprensible para todos: especulación.
La especulación es algo muy simple, consiste en comprar algo para venderlo y con ello obtener una ganancia7. Es decir el especulador es aquel que pretende obtener beneficios únicamente por la variación del precio en el mercado y no por darle al bien adquirido el uso normal. Por ejemplo, estamos ante una operación de especulación cuando un operador financiero adquiere derechos en el mercado de futuros del petróleo para su posterior venta sin tener ninguna intención de dedicarse a la distribución o refinamiento del mismo. Este fenómeno de la especulación puede estar presente en cualquier tipo de mercado, si bien es más factible en los mercados más líquidos8, donde es muy fácil y rápido comprar y vender y, por tanto, el especulador puede realizar la venta en el momento preciso en el que el bien ha alcanzado el precio que él esperaba.
Pues bien, la liquidez inmediata es una de las características fundamentales de los mercados financieros. Ello los hace candidatos óptimos para amparar operaciones especulativas. Todavía más con las reformas producidas en los últimos 20 años, que han transformado el conjunto de mercados financieros en un mercado global de posibilidades especulativas también globales. En concreto, se han producido tres fenómenos que han favorecido esa especulación global:
-En primer lugar, ha aumentado de forma exponencial la cantidad de ahorro que fluye hacia los mercados financieros volviéndolos cada vez más líquidos. La acumulación de divisas por los países con superávit en la balanza comercial y el trato fiscal privilegiado que se ha dado a los fondos de inversión y de pensiones han generado en los últimos 20 años una afluencia masiva de ahorro a los mercados financieros que los han hecho cada vez de mayor tamaño y por tanto cada vez más líquidos.
-En segundo lugar, el proceso desregulatorio ha eliminado todo tipo de trabas económico-administrativas y fiscales al movimiento de capitales, permitiendo traslados masivos de capitales en cuestión de segundos que hacen que la liquidez de los mercados se multiplique, ya que los compradores pueden provenir de cualquier parte del mundo. El resultado ha sido un mercado global potencialmente especulativo.
-Finalmente, ese mercado global ha sido incentivado mediante unas políticas monetarias expansivas y unas políticas desregulatorias de las entidades financieras (Basilea I y II) favorecedoras del apalancamiento, dando lugar a más demanda de activos financieros y, por tanto, a más liquidez.
Ese mercado global exuberante de ahorro perfectamente móvil y apalancado de los últimos 15 o 20 años ha sido el caldo de cultivo ideal para las llamadas burbujas especulativas.
En efecto, las burbujas no son más que la generalización de los comportamientos especulativos, como consecuencia de entrada persistente y masiva de compradores especuladores. Un aumento del precio del bien produce un aumento de la rentabilidad por especulación que atrae a más especuladores. Los nuevos especuladores generan nuevas demandas que vuelven a hacer subir el precio y la rentabilidad especulativa atrayendo a nuevos especuladores, y así sucesivamente.
El factor determinante en el proceso de inflado de la burbuja es el apalancamiento, ya que los inversores pueden ampliar sus ganancias utilizando para sus operaciones de compra recursos obtenidos en forma de préstamos. Expliquémoslo con un ejemplo. Supongamos que un especulador solicita un préstamo de 90 € al 0,5 % mensual para adquirir acciones por importe de 100 € (es decir la operación se apalanca al 90%) y que la cotización de la acción está creciendo al 3% mensual. Cuando venda las acciones a final de mes obtendrá un precio de venta de 103 € con una ganancia de 3 €. Dado que tiene que abonar la cantidad de 0,45 € por los intereses del préstamo, el beneficio neto de la operación será de 2,55 € lo que supone una rentabilidad de 25,5% del capital invertido (10 €). Es decir mientras que el beneficio ordinario del mercado es del 3%, el beneficio de la operación especulativa apalancada es del 25,5% mensual. No es de extrañar, por tanto, que el especulador tenga una elevada propensión a apalancar al máximo las operaciones.
Por su parte, para las entidades financieras la burbuja es una oportunidad de expansión del negocio de préstamo. Cuanto mayores sean los precios y mayor el número de compradores mayor será el volumen de operaciones de préstamo que realizarán, lo que supondrá un aumento de los beneficios para la institución bancaria. Es decir, los bancos también tienen incentivo a apalancar el mercado y con ello a hacer crecer la burbuja. Es más, si la regulación no lo impide, como ocurre en la actualidad, la entidad financiera puede incorporarse al mercado como especulador, bien directamente o bien creando sociedades interpuestas, haciendo crecer aún más la burbuja.
Este proceso es el que se ha venido produciendo de manera sistemática, sucediéndose en menos de 15 años tres burbujas financieras: en la segunda mitad de los noventa la de los mercados emergentes del sudeste asiático, a renglón seguido la de las empresas puntocom y a continuación la del mercado inmobiliario y las hipotecas subprime. Fruto de esta última ha sido la Gran Recesión que se ha extendido por los países desarrollados, que ha puesto las economías en una situación cercana a la de la Gran Depresión de los años 30 y que ha demostrado la falacia liberal de los mercados eficientes.
La crisis de deuda en Europa
La caída de Lehman Brothers fue el detonante que provocó el pánico financiero de septiembre de 2008 y la decisión de intervención masiva de los Estados. Estados Unidos intervino la aseguradora más grande del mundo AIG, nacionalizó General Motors y la Reserva Federal inyectó dinero de forma masiva a la banca e incluso a los bancos de inversión y a las empresas automovilísticas. Gran Bretaña intervino sus bancos a excepción de Barklays. Alemania, Holanda, España, Portugal,… tuvieron que inyectar fondos adicionales a muchas de sus entidades financieras a pesar de que el Banco Central Europeo suministraba cualquier cantidad de dinero que se solicitara. En definitiva, bancos centrales y gobiernos apuntalaron el sistema financiero sin reparar en esfuerzos.
Junto a esta intervención masiva del sistema financiero, los gobiernos acordaron en la cumbre urgente del G-20 del 15 de noviembre de 2008, en Washington, unos importantes programas de gasto público, sobre todo en inversiones y subvenciones a los sectores más afectados por la contracción del crédito (vivienda, automóviles y otros bienes de consumo duradero…), con el fin de evitar que la economía mundial cayese en deflación. Dichos programas se aplicaron de forma inmediata y coordinada durante todo 2009 y gran parte de 2010 y tuvieron éxito evitando que las economías entrasen en una espiral deflacionista. No obstante, en junio de 2010, en la cumbre de Toronto, se pusieron de manifiesto las divergencias entre Europa, ya sin Gordon Brown, y Estados Unidos. Europa y el Banco Central Europeo iban a pasar a aplicar una fuerte contracción fiscal para contrarrestar los déficits públicos generados por la crisis (fundamentalmente por la caída de los ingresos impositivos) mientras que Estados Unidos y la Reserva Federal mantendrían los estímulos fiscales y aplicarían un política monetaria expansiva que incluiría la compra masiva de deuda pública norteamericana para financiar el déficit. Esta discrepancia, que en Toronto ya fue manifiesta, dio lugar a dos políticas contrapuestas durante el resto de 2010 y 2011, rompiéndose así el frente unido de lucha contra la crisis que habían supuesto los anteriores G-20.
En Europa el resultado de la aplicación de esa política procíclica es el laberinto de la deuda, en el que lleva deambulando la economía europea desde hace más de un año y que merece una explicación más detenida, ya que es el principal problema con el que nos encontramos para que la economía española vuelva a crear empleo.
En efecto, el laberinto de la deuda europea comenzó con un problema de la contabilidad pública griega. El 22 de octubre de 2009 el organismo europeo de estadística Eurostat anunció que tenía dudas sobre las cifras de déficit y deuda publicadas por el gobierno griego del derechista Kostas Karamanlis, que había perdido las elecciones anticipadas celebradas 18 días antes. Eurostat anunció una investigación que realizó en noviembre y cuyo informe se publicó en enero de 2010. En dicho informe se puso de manifiesto que las cuentas habían ocultado un déficit adicional de 6.312 millones de euros adicionales, un 2,64% de PIB.9 Para ocultar los verdaderos datos de déficit y de deuda el gobierno griego había realizado operaciones con derivados financieros (operaciones swaps) en monedas distintas al euro, todo ello con el asesoramiento y la participación de Goldman Sachs.
Esa falsedad en los datos dio el pistoletazo de salida para el ataque especulador sobre la deuda de Grecia. A primeros de febrero de 2010 después de sucesivas rebajas de los rating, ya se planteaba un rescate de Grecia ante la dificultad del país para captar fondos en el mercado. Los ataques se extendieron a Portugal y a España, que también se vieron afectadas por advertencias en sus rating, y sus bolsas se desplomaron. Los ataques especulativos comenzaron a poner en tela de juicio a los inversores y sus comportamientos especulativos. En particular las críticas se centraron en los CDS, una especie de sistemas de aseguramiento de impagos de deuda que pueden ser suscritos por cualquiera con independencia de que sea o no propietario de la deuda. No obstante, como ocurriría en ocasiones posteriores, las medidas para controlar los movimientos especulativos no llegaron a implementarse y, por supuesto, el Banco Central Europeo se limitó a su política de seguir facilitando crédito barato e ilimitado a los bancos.
Durante todo marzo las idas y venidas de Ministros de Economía europeos a Bruselas no cesaban, pero no se hizo público el plan de rescate hasta el 11 de abril, cuando se anunció un préstamo de los países europeos a Grecia en colaboración con el FMI. A pesar del anuncio, el préstamo no llegaba a formalizarse ante la negativa de Alemania a aprobarlo en su parlamento. El día 9 de mayo había elecciones en varios estados alemanes y Angela Merkel tenía miedo de aprobar el rescate y que los votantes alemanes sancionaran a su partido por dar dinero para Grecia. Los días 27 y 28 de abril Standard & Poor’s rebajó las calificaciones de la deuda española y portuguesa mientras la canciller alemana seguía sin dar el visto bueno definitivo. La agonía duró hasta el 10 de mayo cuando, después de una reunión de los ministros de economía (Ecofin), los presidentes aprobaron un mecanismo de estabilización dotado con 750.000 millones de euros a cambio de unos planes radicales de reducción del déficit público en todos los Estados de la zona euro.
El consenso de Washington se había instalado de nuevo en la Unión Europea sobre la excusa de un falseamiento de las estadísticas griegas. Los gobiernos de la Unión, mayoritariamente de derechas y empujados por el gobierna alemán y por el banco Central Europeo, habían optado por responder a las presiones de los mercados aplicando políticas contractivas y reformas estructurales de oferta, ignorando así que el problema era de demanda y retrasando la salida de la crisis y del abultado desempleo. Eso sí, durante la que sería primera crisis de la deuda griega no se tomó ni una sola decisión para limitar el proceso especulativo en los mercados financieros. 10
Fue precisamente el 12 de mayo de 2010 cuando se produjo la primera ruptura de la sintonía entre el Gobierno Zapatero, y por tanto el PSOE, y la ciudadanía progresista. Medidas drásticas de recorte en sueldos de funcionarios, de pensiones, del gasto social, del gasto de inversión… y por supuesto el anuncio de una reforma del mercado laboral para abaratar el despido. Todo ello en pos de dar un mensaje a los todopoderosos mercados para que dejasen de especular contra la deuda española.
Eso sí, Europa decidió aplicar pruebas de stress a la gran banca europea y, por fin, el Banco de España hizo su primer reconocimiento de la necesidad imperiosa de una restructuración del sector financiero, gran parte de él en situación de clara insolvencia.
Este tipo de políticas fueron las propuestas en la totalidad de los países europeos, incluida la nueva Gran Bretaña conservadora-liberal. Con ello, y con el Fondo de Estabilización, ya aplicado en parte al rescate de Grecia, Europa pretendía haber conjurado sus males; sin embargo, el 19 de julio la agencia de calificación Moody's recortó la nota crediticia de Irlanda y advirtió que el país se dirigía hacia la recesión tras haber intervenido su banca y haber garantizado los activos financieros de la misma. El acoso especulativo de Irlanda había comenzado11. La agonía duró casi medio año y no terminó hasta que el 15 de diciembre Europa aprobó el plan de rescate para Irlanda. En ese tiempo Europa tampoco tomó ninguna medida para limitar los movimientos financieros especulativos.
Mientras se producía el plan de rescate de Irlanda el acoso sobre la deuda portuguesa no cesaba y el gobierno presentó su tercer plan de reducción del déficit. La presión sobre la deuda portuguesa se mantuvo durante los primeros meses de 2011 y el 25 de marzo las agencias Fitch y Standard & Poor's rebajaron la calificación de la deuda griega dejándola al borde del bono basura. El Gobierno socialista de Sócrates no pudo sacar adelante su cuarto plan de austeridad y convocó elecciones. El 10 de mayo, en plena campaña electoral, la Unión Europea aprobó el rescate de la deuda portuguesa. Por supuesto, Sócrates perdió las elecciones y con ello ya sólo quedaban dos gobiernos socialistas en Europa, el griego y el español. Ese mismo mes de mayo, el día 22, el PSOE recibió la mayor derrota en unas elecciones locales y autonómicas, después, eso sí, de haber aprobado la propuesta de aumento de la edad de jubilación a los 67 años, penúltimo sacrificio en el altar del liberalismo.
Pero, claro, la espiral no podía parar en Portugal. Las noticias sobre la imposibilidad de que Grecia pudiera hacer frente al pago de su deuda, fundamentalmente promovidas desde medios y políticos alemanes, arreciaron. El 20 de mayo, unos días después que otras agencias, Fitch rebajó tres escalones la nota de la deuda de Grecia y advirtió que podía volver a rebajarla si no se concretaba un segundo rescate financiero. Grecia tomaba el relevo de Portugal, Papandreu tuvo que someterse a una cuestión de confianza para después presentar el enésimo plan de ajuste presupuestario y de reformas y privatizaciones, con la derecha griega en contra, junto a una nueva petición de ayuda al Fondo de Estabilización. El segundo rescate griego se fue dilatando en el tiempo por las dudas alemanas, provocando con ello un nuevo ataque especulativo más osado. El día 5 de julio Moody’s decidió rebajar a la condición de bono basura a la deuda portuguesa y el día 12 de julio se produjo un ataque especulativo simultáneo contra Italia y España. Uno de los países eje de la Unión había sido tocado y se evidenciaba el verdadero objetivo especulativo de los ataques: el euro. Eso sí, la Unión siguió sin limitar los movimientos especulativos de capital.
Evidentemente, los especuladores, alentados por el magnífico negocio que estaban consiguiendo con la fragilidad europea, en una especie de carrera frenética y de la mano de sus principales aliados, las agencias de rating, decidieron dar un paso más. Así, aprovechando las graves dificultades sufridas por la Administración Obama para que el Congreso, controlado por los republicanos y con una gran presencia de los extremistas del Tea Party, aprobase un incremento del techo de gasto, Standar & Poors anunció el día 6 de agosto que rebajaba un escalón el rating de la deuda de los Estados Unidos (de AAA a AA+). El acto era la evidencia última de cómo una institución del mercado, crecida hasta la soberbia, intentaba enmendar una resolución del Congreso y del Senado de los Estados Unidos de América alcanzada con el consenso de la mayoría de los Congresistas y Senadores elegidos por el pueblo americano. La reacción del Presidente Obama fue inmediata: “El viernes recibimos esa rebaja… no porque (S&P) dude de nuestra capacidad de pagar nuestras deudas … sino porque duda de la capacidad de acción de nuestro sistema político” y todos los miembros de la Administración salieron en tromba a defender el acuerdo alcanzado entre demócratas y republicanos (Eso sí, la Administración norteamericana no perdona y curiosamente, tres semanas más tarde, McGraw-Hill, propietaria de Standar &Poors, decidió relevar al presidente de la compañía, Deven Sharma).
No obstante el problema no paró ahí y apenas cuatro días después del anuncio de rebaja de la deuda norteamericana un rumor sobre la posible rebaja del rating de la deuda francesa supuso una caída en picado de las bolsas de todo el mundo. Curiosamente ahora sí pasó lo que no había pasado cuando los especuladores tomaban como diana a otros países europeos, quedaban prohibidas las ventas en corto en todos los países de la unión monetaria. Es decir, cuando los especuladores apuntaron directamente al centro de la Unión fue cuando se produjo la primera decisión real para frenar a los mercados: se prohibieron en la zona euro las ventas en corto. Por primera vez desde hacía más de un año se había hecho algo para evitar el laberinto de la deuda. Eso sí, se hizo provisionalmente, hasta final de agosto. ¡Cosas de liberales!
Desgraciadamente en España este pequeño atisbo de lucidez duró apenas 10 días. El día 23 de agosto, en un debate urgente en plenas vacaciones parlamentarias, el Presidente del Gobierno, al parecer en un intento desesperado de apaciguar los mercados proponía una reforma de la Constitución para incluir el límite al déficit. Como no podía ser de otra forma la derecha aceptó inmediatamente la propuesta y se tramitó con toda urgencia produciendo la quiebra irreversible del PSOE con su electorado. Evidentemente el Presidente, su Gobierno y el PSOE aún no habían comprendido que los mercados ni son racionales ni eficientes sino que simplemente son especulativos.12
Notas pie de página
5.De la Dehesa, G. (2009): La primera gran crisis financiera del siglo XXI: Orígenes, detonantes, efectos, respuestas y remedios, Alianza Editorial, Madrid.
6.De la Dehesa, G. (2009): “Once fallos de mercado y de Estado en la crisis financiera”, Papeles de economía española, nº 122, págs. 26-37. Disponible en internet: <http://www.guillermodeladehesa.com/files/0006.1265040348.ONAW3518QQOK6741JISE4269FUIM7668.pdf>
7.Obtener ganancias con el valor de cambio, que dirían los marxistas.
8.Liquidez implica poder conseguir dinero en efectivo a cambio del bien de forma muy rápida.
9.El resultado de la investigación se encuentra publicado en Comisión Europea (2010): “Report on Greek government deficit and debt statistics”, COM(2010) 1 final, Bruselas. Disponible en Internet:
<http://epp.eurostat.ec.europa.eu/portal/page/portal/product_details/publication?p_product_code=COM_2010_report_greek>
Los trabajos de Eurostat continuaron durante casi todo el año y finalmente pusieron de manifiesto que la política de ocultamiento había sido sistemática entre 2006 y 2009. Véase Comisión Europea (2010): “Report on the EDP methodological visits to Greece in 2010”, disponible en internet:
<http://epp.eurostat.ec.europa.eu/portal/page/portal/government_finance_statistics/documents/Greece%20-%202010%20methodological%20visits%20report.pdf>
10.Tan sólo Alemania y un tiempo más tarde introduciría la prohibición permanente de las ventas en corto.
11.Hay que señalar que el 23 de julio de 2010, 4 días después de la rebaja de la calificación de la deuda Irlandesa, se publicaron las famosas e inútiles pruebas de stress test de la banca europea en la que los dos principales bancos de Irlanda salían airosos.
12.Véase documento de opinión en el blog de Luis Ángel Hierro,
<http://luisangelhierro.blogspot.com/2011/08/serian-tantas-las-cuestiones-plantear.html>.