Recuperando la demanda perdida
Recuperando la demanda perdida
En el capítulo anterior hemos afrontado el análisis de los cambios necesarios para definir un marco regulatorio europeo que haga factible la aplicación de políticas económicas distintas a las liberales y que en este momento se antojan imprescindibles para salir de la crisis. En este apartado vamos a plantear las políticas más inmediatas que podríamos abordar para restablecer la demanda agregada de la economía y volver a generar empleo, como medida previa para volver a introducir en la economía a las millones de familias que en la actualidad están sufriendo la lacra del paro.
Aplicar una política expansiva a corto plazo coordinada con los países de la Unión
Como afirma Skidelsky (2009, p. 197)25 “En términos de política económica sólo hay una propuesta: que los gobiernos tienen que asegurar que la demanda agregada sea la suficiente para mantener un nivel de pleno empleo de la actividad” lo cual está corroborado por el hecho de que sistemáticamente sea el desempleo el principal problema para los ciudadanos26.
Durante años, la derecha liberal se había jactado del que llegaron a llamar ciclo virtuoso de la economía, que según ellos se basaba en la liberalización de los mercados, la reducción de los impuestos, en el equilibrio presupuestario, la disminución del tamaño del sector público,.... En definitiva el progreso económico permanente se había conseguido gracias a la aplicación del consenso de Washington. A fecha de hoy, sin embargo, comienza a gestarse un nuevo consenso entre los economistas sobre lo mucho que ha tenido que ver en ese proceso de expansión económica continuada, además de la revolución tecnológica, la política monetaria expansiva para las finanzas, marca Greenspan, asociada a la liberalización de los mercados financieros, que ha inflado sucesivas burbujas financieras: asiática, puntocom y subprime.
Pues bien, a pesar del fracaso de la liberalización, las recetas de la derecha liberal no han cambiado. Según ellos, la solución al desempleo pasa por políticas fiscales contractivas (reducción del déficit) y aumento de la competitividad (reformas estructurales). Esto último se consigue reduciendo los costes laborales (despido barato, reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social, convenios colectivos de empresas) y bajando los impuestos de empresas y ahorradores.
Esta política, al modo del consenso de Washington es la que según la derecha debemos seguir aplicando con independencia de la crisis. Les da igual que la situación de la economía sea un crecimiento del 5% como que estemos en recesión o al borde de la deflación. Ellos han encontrado el Bálsamo de Fierabrás de la economía. Que la economía va bien, equilibremos el presupuesto y liberalicemos ya que los tiempos son buenos; que hay 5 millones de parados, pues lo mismo equilibremos el presupuesto y liberalicemos para tener unos buenos cimientos. De hecho, para ellos la política económica es única y permanente porque, según sus teorías, los mercados se ajustan por sí mismos, de forma que el desempleo existe porque los desempleados no quieren trabajar al salario de equilibrio del mercado.
En realidad el pecado de la teoría económica liberal es su simplismo. Un simplismo que se traduce en una negativa a reconocer una realidad que es mucho más compleja que sus mercados eficientes y que les lleva a aplicar políticas procíclicas en una época de crisis como la que vivimos. Los socialdemócratas debemos dejar de ser social-liberales en cuanto a la política económica. No hay mercados eficientes, por eso las crisis económicas no son todas iguales. Hay crisis, como los shocks del petróleo de los años 70, que afectan a la oferta y producen inflación y desempleo y hay crisis de demanda, como la que actualmente vivimos, que producen desempleo con precios estables, o incluso problemas de deflación como ocurrió en la década de los 90 en Japón (por cierto ya vamos por 4 años de crisis y esto comienza a parecerse cada vez más a Japón).
En el primer tipo de crisis hay que atacar primero el problema de inflación ya que cualquier mejora en la demanda acaba en incremento de precios. Por eso es por lo que hay que hacer políticas monetarias contractivas y controlar los déficits públicos, ya que las contrarias lo único que hacen es engordar la deuda del Estado y aumentar la inflación. En el segundo tipo de crisis el problema es el contrario: la ausencia de demanda. La falta de crédito y la pérdida del trabajo o el miedo a perderlo hace que las familias reduzcan el gasto. Las empresas tampoco invierten porque no hay demanda. Si el Estado hace lo mismo, tal como estamos haciendo nosotros desde mayo de 2010, entonces lo único que consigue es ahondar la crisis y el desempleo y la política se vuelve procíclica. En una crisis de demanda el Estado tiene que gastar mientras sea necesario sustituir la demanda que no hacen familias y empresas y el banco central tiene que darle a la máquina de hacer dinero para evitar una crisis de deuda y para que fluya el crédito.
Pues bien, en Europa, o mejor dicho en la zona euro, hemos decidido lo contrario. Es cierto que el Banco Central Europeo ha inyectado dinero pero mucho menos que en Estados Unidos o Gran Bretaña y lo ha hecho prestando al 1% a los bancos, que lo han utilizado para mantener en sus balances los activos contaminados y no para prestarlo a empresas y familias. Además se ha negado sistemáticamente a emplear ese dinero en comprar deuda de los Estados de la Unión contribuyendo al laberinto de la deuda. La última ha sido en junio de 2011, volver a hacer política procíclica aumentando el tipo de interés al 1,5%.
Por su parte, como consecuencia del laberinto de la deuda y dado que el Banco Central Europeo no compra deuda, a partir de mayo de 2010 los Estados europeos se han dedicado a recortar el déficit público y en lugar de sustituir la falta de demanda de familias y empresas lo que han hecho es reducirla más. Además, para apaciguar a no se sabe qué mercados racionales pero que se comportan irracionalmente, nuestros gobiernos se han dedicado a quitar derechos a trabajadores, funcionarios y jubilados.
Mientras tanto, en Estados Unidos el déficit es superior a dos dígitos y su recorte se ha retrasado hasta 2012 (dos años más tarde que en Europa). Además, la Reserva Federal ha creado mucho más dinero que el Banco Central Europeo, ha aplicado programas masivos de compra de deuda pública a corto y a largo plazo para aligerar la carga de la Administración, ha prestado a empresas y recientemente, en agosto de 2011, ha anunciado que el tipo de interés seguirá al 0,25 hasta, al menos, 2013. Por cierto, incluso se ha puesto en marcha un nuevo sistema de aseguramiento sanitario público.
En definitiva, en estos momentos hay dos respuestas para una misma crisis. La europea, ahondando la crisis y la norteamericana, intentando salir de ella. Evidentemente, para nosotros, la política económica adecuada es la aplicada por Norteamérica, y por tanto, para crear empleo a corto plazo nuestra opción pasa por expansionar la demanda. Todo lo demás es inmolarse en la pira del liberalismo.
Desgraciadamente, dado que la política adecuada para luchar contra el paro es justo la contraria a la que hemos aplicado desde mayo de 2010, gracias al dogmatismo de los Tratados de la Unión, su implantación requiere reformas estructurales, pero no del mercado de trabajo o de la seguridad social sino de Europa y su Banco Central, pues de lo contrario el sistema no permite aplicar políticas expansivas de demanda. Todo lo demás es aplazar soluciones o incluso crear más crisis, como ha comenzado a ocurrir en septiembre de 2011, y por tanto prolongar sufrimientos inútiles de millones de familias que soportan el paro y la situación de pobreza.
Con los cambios que hemos señalado en el capítulo anterior, la política presupuestaría debería intentar inyectar de manera inmediata un impulso fiscal real equivalente a la diferencia entre el 3% del PIB y el crecimiento anual previsto, mediante incrementos del gasto público (fundamentalmente gasto de inversión). Es decir, intentaríamos suplir con gasto público la ausencia de demanda privada hasta alcanzar una tasa de crecimiento del 3% que nos permitiera crear empleo neto. Evidentemente eso supondría un incremento transitorio de deuda importante que debería estar financiado en gran parte con deuda a muy largo plazo adquirida por el Banco Central Europeo para evitar incrementos excesivos de los intereses pagados. Además, debería ser una política europea coordinada en toda la Unión en función a las necesidades de crecimiento del empleo de cada país.
Algún liberal que pueda leer este apartado criticará que no hagamos referencia a la inflación que puede aparecer en el futuro si expansionamos mucho la demanda. La respuesta es bien sencilla: primero, pregúntele a los japoneses donde está la inflación que los liberales auguraban para Japón a principio de los noventa, se perdió hace 20 años y aún no la han encontrado; segundo, si no le da reparos o temor, acérquese a algunos parados y pregúnteles qué les preocupa más, encontrar trabajo o que suban los precios; tercero, del mismo modo, pregúntele a los empresarios que les preocupa más, que aparezcan compradores de sus productos y le den créditos en los bancos o que suban los precios; y cuarto, si no ha leído a Keynes, al menos lea este artículo divulgativo de Rogoff "La segunda gran contracción"27 y así se enterará que puede que la inflación, en lugar de ser un problema si aparece, sea una solución.
El fin de la contracción del crédito y la salida de la crisis bancaria
El segundo problema básico con el que nos encontramos en este momento es la contracción del crédito. Los bancos no prestan y cuando lo hacen fijan un tipo de interés muy alejado del coste del dinero establecido por el Banco Central Europeo. Sin solucionar ese problema, hasta las políticas expansivas de demanda serían mucho menos efectivas y obligarían a déficit más dilatados en el tiempo.
El problema es relativamente fácil de explicar pero difícil de solucionar. Cuando en septiembre de 2008 colapsó el sistema financiero norteamericano y, ante el posible derrumbe del sistema financiero global, los bancos centrales, de forma coordinada, se lanzaron a facilitar liquidez a la banca para que dispusiesen de cualquier cantidad de dinero que necesitasen para hacer frente a hipotéticas retiradas masivas de fondos28. El objetivo era que la búsqueda de liquidez no produjese ventas masivas de activos que terminaran evaporando su valor e hicieran quebrar a todos los bancos produciendo una insolvencia generalizada. Asimismo, el gobierno de cada país, en función a sus necesidades, su legislación y a su opción de política económica, se dedicó a intentar capitalizar en la medida de lo posible a las instituciones financieras. En la mayoría de los casos se optó por obligaciones convertibles o similares y sólo en los casos excepcionales de quiebra evidente se optó por la nacionalización en sentido estricto.
En España, desde el estallido de las subprime en agosto de 2007 el Gobernador, Fernández Ordóñez, y su predecesor, Caruana, a la sazón Presidente del Banco de Internacional de Pagos (Basilea) a propuesta del entonces Presidente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, alardearon de disponer de un sistema bancario saneado gracias a haber limitado la inversión en activos estructurados y, sobre todo, gracias a las llamadas provisiones anticíclicas, un invento consistente en crear provisiones en épocas de grandes beneficios para atender pérdidas en épocas de crisis. La creencia era que esas provisiones podrían absorber las pérdidas durante el periodo que durase la crisis, de forma que los bancos29 podrían mantener en el balance los activos contaminados (préstamos con garantías hipotecarias de suelo y viviendas muy sobrevalorados) con cargo a las provisiones anticíclicas. Así, al terminar la crisis los bancos podrían sacar de sus balances esos activos contaminados y la actividad bancaria volvería a funcionar adecuadamente. Como, además, las facilidades de crédito del Banco Central Europeo eran completas, se podía pedir cualquier cantidad de dinero que la institución bancaria necesitase a un interés del 1%, los bancos no tendrían problemas de liquidez y, por tanto, no necesitarían malvender otros activos para cubrir sus necesidades de efectivo.
El único problema en esta estrategia era la existencia de entidades singularmente dañadas por su exposición al ladrillo. Para solucionarlo, a finales de 2008, el Banco de España puso en marcha la estrategia de las fusiones frías para las cajas de ahorro, un sistema de integración aparente de cajas con el que pretendía cubrir con los balances saneados de las cajas bien gestionadas los balances deteriorados de las mal gestionadas. En aquellos casos en los que las fusiones frías no pudiesen cubrir las pérdidas lo haría el Estado a través de unos préstamos especiales de un nuevo instrumento creado a mediados de 2009, el FROB, Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria30.
Durante todo 2009 las noticias de las fusiones frías y las aportaciones del FROB fueron dando apariencia de que todo se iba a solucionar, pero en realidad el sistema funcionaba, en apariencia, no gracias a las fusiones frías sino a que el sistema contable permitía que las entidades financieras presentaran resultados que no se correspondían con la realidad. En efecto, la Circular 4/2004 de 22 de diciembre, a Entidades de Crédito, sobre Normas de información financiera pública y reservada, y modelo de estados financieros 31 establecía, en el párrafo 17 del Anejo IX, que se podía mantener en el balance de las entidades financieras hasta tres años el valor de los préstamos impagados con garantía hipotecaria sobre viviendas terminadas y sólo a partir del cuarto año habría que comenzar a dotar provisiones o, lo que es lo mismo, a reconocer pérdidas. Esta normativa y el trajín de las fusiones frías permitieron que hasta mediados de 2010 las entidades financieras mantuvieran la falsa imagen de estar saneadas, con la única excepción de la Caja de Castilla-La Mancha, intervenida en marzo de 2009.
La presión sobre la deuda griega, a principios de 2010, puso en el punto de mira a España y los analistas comenzaron a reiterar sus dudas sobre la situación real del sistema financiero español. ¿Cómo era posible que las entidades españolas tuviesen prestado a inmobiliarias 320.000 millones de euros y estuvieran sanas y dando beneficios? La presión de los mercados y las reiteradas referencias a las dudas sobre la situación de los bancos europeos y en especial de los irlandeses y españoles, hizo que a primeros de mayo todo el sistema defensivo que había diseñado el Banco de España para nuestro sistema bancario se viniese abajo. Los grandes bancos europeos se someterían a pruebas de stress y en España el gobierno decidió que fuesen la totalidad de sus instituciones.
Fue entonces cuando las fusiones frías pasaron a la historia, había que tapar de verdad los agujeros en las entidades. Los bancos tendrían que captar más capital y las cajas fusionarse y transformarse en bancos para así poder captar capital en el mercado, de lo contrario tendrían que ser intervenidas. El saneado sistema bancario español había pasado a la historia. La transparencia era crucial para frenar los ataques especulativos contra la deuda española ya que los analistas entendían que el Estado Español tendría que asumir las pérdidas de los bancos, que en alguna estimación llegaban al 15% del PIB.
Eso sí, en el ínterin el Banco de España hizo el último favor a bancos y cajas y modificó el anejo IX de la Circular 4/2004. Con la reforma ya no mantendrían el valor en el balance los préstamos impagados de las nuevas construcciones durante 3 años, a estas alturas de la crisis ni falta que hacía puesto que ya habían pasado esos 3 años y habría que reconocer las pérdidas en un año. El problema estaba en que con la regulación de 2004 se había ganado tiempo pero ahora las provisiones a dotar eran el 100% del valor del préstamo otorgado en su día, lo cual significaría un desastre para las cuentas de resultados de los bancos y la quiebra de la mayoría.
¿Cuál fue el favor? Ahora tendrían que dotar provisiones por el 100% pero no del préstamo sino de la diferencia entre la cuantía del préstamo y el 60% del valor de tasación de las viviendas y el 50% del valor del terreno. Es decir, que cuando antes el banco se quedaba con una casa por la que había dado un préstamo de 100.000 euros, tenía que dotar provisiones por los 100.000 euros, es decir como si la hubiera comprado y hubiese tenido de ampliar el capital en 100.000 euros para quedársela (eso significa reconocer implícitamente pérdidas por 100.000 euros). Con el regalo ahora la cuenta era otra, si los 100.000 euros que prestó eran el 80% del valor de tasación estonces ese valor era de 125.000 euros. El 60% de 125.000 es 75.000 euros, por tanto, el banco sólo tendría que dotar provisiones por la diferencia con el préstamo (100.000-75.000) serían 25.000 euros. O sea, las cuentas del Gran Capitán, antes el banco reconocía 100.000 euros de necesidades de capital adicional y ahora sólo 25.000 euros (los 75.000 euros adicionales de pérdidas habrían desaparecido).
Los no iniciados en la materia puede que se hayan perdido un poco, pero seguro que van a entender las consecuencias de esa operación. Antes, cuando el banco se quedaba con un piso de 100.000 euros porque no le habían pagado un préstamo, pasado un tiempo tenía que ampliar su capital en 100.000 euros. Esto hacía que el banco tuviera incentivo a vender el inmueble aunque fuese con pérdidas y volver a prestar a otro cliente el dinero recuperado. Ahora, como le permiten mantener en el balance el piso durante los años que quiera, sólo tiene que buscar capital por 25.000 euros, que serán los que preste a los nuevos clientes, y los otros 75.000 euros no se los va a prestar a nadie, porque se los ha quedado el propio banco para financiar la casa que tiene en su balance y que no vende. Como esto se aplica a todos los bancos, el resultado es que tenemos una contracción del crédito (los bancos no prestan a familias y empresas porque se quedan ellos con el dinero). Es lo que se llama banca zombi, tenemos bancos pero como si no los tuviéramos. Por eso, a pesar de que el Banco Central Europeo le presta cualquier cantidad a los bancos, cuando un empresario va a pedir un préstamo, o no se lo dan, o, si tiene suerte, se lo darán a un interés altísimo y cuando una familia va a pedir un préstamo para una casa le dicen que le venden una de las que tiene el banco pero que el préstamo no se lo pueden dar.
En base a lo anterior y, por supuesto, sin ánimo de ser preciso científicamente, un pequeño cálculo nos dará una indicación del tamaño del problema. Si la exposición al crédito promotor de los bancos y cajas españoles es de 320.000 millones de euros y un 50% de los mismos tuviese problemas (la cuantía aproximadamente reconocida), estos ascenderían a 160.000 millones de euros. Teniendo en cuenta el nuevo sistema de provisión, los bancos y cajas tendrían que dotar provisiones por 40.000 millones y el resto serían 120.000 millones de euros que se encontrarían atrapados en los balances de los bancos y que no llegaría a empresas y familias en forma de préstamo, más del 10% del PIB32.
Es evidente que una pérdida de crédito de tal cuantía influye negativamente en la economía del país. En este caso lo hace además doblemente, por una parte contrae el crédito y los empresarios y familias no tienen dinero para invertir y consumir, y, por otra parte, en tanto les permite a los bancos mantener en el balance las viviendas por el 75% de su valor, impide que se ajuste totalmente el precio de la vivienda, con lo que se paraliza la construcción como explicaremos más adelante.
Para afrontar la contracción del crédito la solución pasa por fijar una cuantía de dotaciones de provisión que sean bastante mayores si el banco se queda el inmueble que las que necesitarían si malvendiesen las viviendas y los terrenos. En realidad, lo que hace la modificación de la Circular 4/2004 es fijar el máximo de pérdidas del banco en el 25% del préstamo de la vivienda cuando el banco se queda con ella, de forma que no tiene incentivo a bajar el precio de la vivienda por debajo de esa cantidad. Como los demandantes saben que esos precios siguen siendo exorbitantes, no compran, y, por tanto, el banco se sigue quedando con casas y terrenos y no presta. En consecuencia, habría que acabar con el regalo que le hizo el Banco de España al sistema bancario cuando modificó la Circular 4/2004 y volver a obligar a que los bancos doten provisiones por el 100% del valor del préstamo. Esa es la única forma de que tengan incentivos para vender los activos contaminados y que vuelvan a prestar.
Evidentemente eso requiere reconocer unas pérdidas, que serán astronómicas, y que alguien las soporte, pero ello es indispensable para eliminar la contracción del crédito. Es decir, hay que sanear verdaderamente la banca, hay que reconocer sus pérdidas en lugar de taparlas.
Allá por el comienzo de los 90 se produjeron dos crisis financieras de gran tamaño, en Suecia y en Japón. En el segundo país, dado el poder que tienen las grandes corporaciones, se optó por mantener a la banca existente, y los mismos banqueros, a cualquier precio. El resultado fue la banca zombi y la contracción del crédito durante años, dando lugar a la llamada década perdida. Alternativamente, en Suecia se reconocieron las pérdidas, se nacionalizaron los bancos, se creó un banco malo para gestionar la liquidación de los activos sobrevalorados y en dos o tres años se volvieron a privatizar los bancos ya saneados, que quedaron en manos de nuevos banqueros. El coste fue sensiblemente menor ya que la economía sueca se recuperó con cierta rapidez al haberse eliminado la contracción del crédito.
En España hemos optado por la vía japonesa, que supone más paro y más recesión. Dicha opción, aparte de ser la peor en términos de política económica, es la más injusta ya que mantiene a los mismos banqueros que han hundido las finanzas españolas y les da opción de salvar su capital, en gran parte mediante ayudas públicas. A estas alturas lo que procede es cambiar radicalmente la política y tomar de una vez por todas las medidas que a la postre serán inevitables. Cuanto más tiempo tardemos más se alargará la crisis y más nos pareceremos a Japón.
En definitiva, es imprescindible un cambio urgente de estrategia en el salvamento del sistema bancario, donde el mecanismo de salvamento induzca a que salgan los activos sobrevalorados de los balances, donde la ayuda pública se transforme en acciones, donde, para los gestores de los bancos financiados con recursos públicos, se fijen los sueldos mediante ley, donde los malos gestores sean investigados y en su caso juzgados, donde exista un ente liquidador de los activos que no sean los propios bancos y donde el principal objetivo sea que fluya el crédito y no tapar las pérdidas de los bancos para salvar a los banqueros.
Notas pie de página
26.Ver el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): “Barómetro de Julio”, Estudio 2.909, Julio 2011. Disponible en internet:
<http://www.cis.es/cis/opencms/-Archivos/Marginales/2900_2919/2909/Es2909.pdf>
27.Diario El País, Suplemento Negocios, 7 de agosto de 2011, págs. 4-5). Disponible en internet:
<http://www.elpais.com/articulo/primer/plano/segunda/gran/contraccion/elpepueconeg/20110807elpneglse_2/Tes>
28.No nos resistimos a una pequeña reflexión. A los bancos se les puede prestar cualquier cantidad porque producen riesgo sistémico, da igual que falseemos los precios de los activos financieros, a los Estados, cuya quiebra produce un mayor riesgo sistémico, no se les puede prestar nada no vaya a ser que se produzca inflación. ¿No tienen la sensación de que nos toman el pelo?
29.Utilizaremos la denominación de bancos para referirnos a todas las entidades financieras sin distinción entre cajas y bancos.
30.Véase <http://www.frob.es/index.html>
31.Banco de España: “Circular 4/2004, de 22 de diciembre, a Entidades de Crédito, sobre Normas de información financiera pública y reservada, y modelo de estados financieros”. Disponible en internet:
<http://www.bde.es/webbde/es/secciones/normativa/circu/circulares3.html>
32.Esta estimación probablemente se quede muy corta ya que no hemos tenido en cuenta nada más que el crédito a promotor, si le sumamos el impago de créditos hipotecarios particulares y el dinero atrapado por la conversión de préstamos en capital de las grandes inmobiliarias la cifra de la contracción del crédito puede ser muy superior.